Alguien me contó un sueño...era algo como una ilusión pero sonaba muy real. Una sucesión de imagenes que se cruzaban en su mente. Si unías unas con otras se podía armar una gran historia.
Era un mundo imaginario donde todo podía suceder pero nada ocurría en realidad. Todo era ficción. Nada era verdad pero se lo escuchaba feliz al contarte las cosas que le sucedían en su mente. quien sabe si yacía dormido o despierto. El hombre era feliz. Nada lo ataba. Todo lo llenaba. Cada instante, cada cosa, ocupaba un papel importantísimo en una trama genial sin precedentes cargada de sentimientos que minuto a minuto se volvía mas y mas interesante.
Parece ser que este hombre era un soñador. Con solo cerrar los ojos, entraba en un mundo increíble. Cierta vez en una plaza me contó cuando estuvo en Venecia. El hombre llego de una manera muy particular. Se le dio por salir a correr pero no por cualquier lado sino por el agua. Así fue que que se mando para el este tratando de llegar al horizonte inalcanzable y atravesando océanos mares y ríos que sin darse cuenta llego a Venecia. Entonces decidió descansar tomarse un respiro. Claro, al abrir los ojos estaba en su cama y entonces su vida volvía a ser monótona, mundana.
Sus días los pasaba aburridos sentado en la plaza del barrio. El tiempo monorítmico, de paso lento y cansino parecía no avanzar. Miraba el reloj y se sabía los segundos de memoria esperando a que entre la noche y así introducirse en el campo de los sueños.
No necesitaba trabajar dado que había cobrado una gran herencia y por lo tanto vivía de rentas. Su misión en el mundo era soñar y de vez en cuando formaba parte de alguna fundación caritativa ayudando a cumplir algún que otro sueño ajeno.
Ya entrado en años nuestro soñador sabía que se preparaba para el sueño final. Su mente estaba agobiada, su cuerpo casi no le respondía. A gatas se acercaba a la plaza y cuando no podía, la observaba desde su ventana.
Y esa noche paso, ese sueño llegó. Nuestro gran hombre entrado en años cerró los ojos y al parecer sabía que no los abriría nunca más. Apagó la luz pero se encendió por dentro con una luz enceguecedora, lleno de experiencia para encarar ese último sueño que de tanta fantasía se volvió su realidad...
Era un mundo imaginario donde todo podía suceder pero nada ocurría en realidad. Todo era ficción. Nada era verdad pero se lo escuchaba feliz al contarte las cosas que le sucedían en su mente. quien sabe si yacía dormido o despierto. El hombre era feliz. Nada lo ataba. Todo lo llenaba. Cada instante, cada cosa, ocupaba un papel importantísimo en una trama genial sin precedentes cargada de sentimientos que minuto a minuto se volvía mas y mas interesante.
Parece ser que este hombre era un soñador. Con solo cerrar los ojos, entraba en un mundo increíble. Cierta vez en una plaza me contó cuando estuvo en Venecia. El hombre llego de una manera muy particular. Se le dio por salir a correr pero no por cualquier lado sino por el agua. Así fue que que se mando para el este tratando de llegar al horizonte inalcanzable y atravesando océanos mares y ríos que sin darse cuenta llego a Venecia. Entonces decidió descansar tomarse un respiro. Claro, al abrir los ojos estaba en su cama y entonces su vida volvía a ser monótona, mundana.
Sus días los pasaba aburridos sentado en la plaza del barrio. El tiempo monorítmico, de paso lento y cansino parecía no avanzar. Miraba el reloj y se sabía los segundos de memoria esperando a que entre la noche y así introducirse en el campo de los sueños.
No necesitaba trabajar dado que había cobrado una gran herencia y por lo tanto vivía de rentas. Su misión en el mundo era soñar y de vez en cuando formaba parte de alguna fundación caritativa ayudando a cumplir algún que otro sueño ajeno.
Ya entrado en años nuestro soñador sabía que se preparaba para el sueño final. Su mente estaba agobiada, su cuerpo casi no le respondía. A gatas se acercaba a la plaza y cuando no podía, la observaba desde su ventana.
Y esa noche paso, ese sueño llegó. Nuestro gran hombre entrado en años cerró los ojos y al parecer sabía que no los abriría nunca más. Apagó la luz pero se encendió por dentro con una luz enceguecedora, lleno de experiencia para encarar ese último sueño que de tanta fantasía se volvió su realidad...